Reflexionemos

¿Podemos juzgar las prácticas culturales? 

Antes de entrar en materia expliquemos el significado de palabra CULTURA, que es todo aquello que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualquier otro hábito y capacidad adquirida por la sociedad.

También debiéramos considerar el significado de PRÁCTICA CULTURAL, que es una expresión que utilizamos para hacer referencia a cualquier proceso o fenómeno relacionado con los aspectos sociales y culturales de una comunidad o sociedad.

Además siempre es conveniente que los miembros de la sociedad tengan una actitud participativa que contribuya al desarrollo social y cultural.

La convivencia de diferentes culturas en las diferentes ciudades de un mundo tan globalizado como el actual es algo inevitable y saber reconducir estos choques entre los individuos que poseen culturas tan dispares es algo necesario para llegar a una cohabitación pacífica. Además hablar de culturas puras es algo cada vez más difícil debido a la mezcla de personas de diferentes sociedades y esta convivencia entre individuos de diferentes lugares y con diferentes experiencias va generando una aculturación por la cual las diferentes culturas van incorporando elementos propios de unas a las otras.

Dicho todo lo anterior, en nuestra opinión, juzgar las diferentes actividades propias de las diferentes culturas, sin formar parte de la sociedad de la que emana la misma, es juzgar sin tener los conocimientos necesarios para ese juicio porque nunca pondríamos de acuerdo a los individuos herederos de dichas actividades.

Por ejemplo, un sevillano nacido en una familia cuyos miembros pertenezcan activamente en las cofradías será mucho más condescendiente con la ocupación de las calles por los desfiles procesionales que una persona proveniente de otra cultura.

Un valenciano será más probable que entienda y que defienda quemar grandes esculturas en San José que una persona que nunca haya participado de esa fiesta. 

Un pamplonés cuyos padres participen activamente en las fiestas taurinas de San Fermín, será más condescendiente con lo que personas ajenas a esa cultura considerarían maltrato animal.

Y así podríamos enumerar un sin fin de fiestas que año tras año tienen lugar en diferentes puntos de la geografía.


Hecha la anterior reflexión, podríamos determinar que no es lógico juzgar ninguna práctica cultural, pero, admitiríamos prácticas culturales como la ablación o mutilación genital femenina, seguramente no, y no sólo en países como el nuestro en el que sencillamente es una práctica ilegal de la que hemos tenido conocimiento, en primer lugar por la rapidez con la que hoy en día viaja la comunicación, y en segundo lugar porque al viajar las personas con la migración de las personas que viajan con el convencimiento de que esas prácticas son adecuadas.

Seguramente cuestiones como esta nos plantearán dudas sobre la conveniencia o no de juzgar desde un punto de vista ético algunas de las prácticas culturales existentes, máxime cuando estas prácticas invaden la libertad personal de cualquier hombre/mujer y entran en lo que podríamos concluir como violencia física.

Lo mismo podríamos decir de prácticas culturales como el trato dispensado a las personas homosexuales en determinados países de nuestro mundo en los que no existe libertad en este sentido.

Al final, mi conclusión sería que en este aspecto no se pueden dar verdades absolutas, y si bien no es adecuado realizar juicios de las diferentes prácticas culturales, existen casos en los que  estas afirmaciones tendrían que ser cuestionadas.

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